Hasta que llegaste tú.

Perdona mi insistencia cada día,
perdona si soy demasiado pegajosa,
perdona mi abrumación constante,
perdona si no soy capaz de dejar nada dentro de mi cabeza,
perdona por decirte cosas que luego no puedo cumplir,
perdona por pensar en alto,
perdona por mi estar encima cada segundo,
perdona toda mi pesadez,
perdona mi bipolaridad,
perdona mi locura,
perdona mi rareza marciana…

Pero no creía que pudiera querer más de lo que ya había querido,
no creía que pudiera tener más de lo que ya había tenido,
no creía que pudiera sonreír más de lo que ya había sonreído,
no creía que pudiera llegar más lejos de lo que ya había avanzado,
no creía que pudiera sentir más de lo que ya había sentido,
no creía que existieran sensaciones que no conociera ya,
no creía en la riqueza sin dinero de por medio,
no creía que pudiera bailar más de lo que ya había bailado,
no creía que pudiera soñar con los ojos abiertos,
no creía que pudiera volar sin tener alas,

Hasta que llegaste tú…

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Cosas sencillas.

Estar metidos en la cama una tarde de invierno,
haciendo chocar nuestros pies congelados.
Mancharte la nariz con pasta de bizcocho,
mientras jugamos a ser cocineros.
Esconderte las cosas y ver tu cara de,
ya sé que has sido tú.
Hacerme la dormida,
y no aguantar ni un segundo sin reírme,
cuando noto tus ojos mirándome y oigo tu cabeza diciendo,
se cree que me lo creo.
Son cosas sencillas, simples,
que me hacen ser feliz,
que para mí valen oro,
porque tú eres la parte complementaria,
tú eres los pies, el pinche y el adivino.
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Tu humano y yo gatuna.

Hoy he soñado en otro mundo,
en otra época,
en otro folio,
en otro cuerpo.

No había coches,
no había carros…

Solo tú en una plaza,
sin compañía y desaliñado,
con ganas de comer,
pero sin nada para llevarte a la boca…

Y ahí estaba yo en frente,
sobre mis cuatro patas y lamiéndome las pezuñas,
intentando ponerme guapa,
para llamar tu atención,
y como tú; muerta de hambre.

Hiciste un giro de cabeza y nuestros ojos se cruzaron…

Te acercaste sonriente,
pensé que mi acicalamiento había funcionado,
te agachaste,
y con una dulzura inmensurable me acariciaste la cara,
ahí sentí que tus caricias, serían mi plato preferido,
el resto de los días.

Y aunque tu humano y yo gatuna, como nuestra relación ninguna.
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El principio.

Al mirar tus ojos me pierdo,
siento mi corazón bombeando a mil por hora,
ese color marrón que hace que no quite la vista ni un segundo,
esa paz y tranquilidad que en la vida había sentido…
¿Es pasión? ¿Es amor? ¿Te quiero?
Esas son parte de las cosas que se pregunta mi interior,
cuando siento esas dos persianas abiertas de par en par,
con el objetivo fijo en mi pupila…
Pero al ratito desaparecen,
se queda todo en silencio y viene la guinda del pastel,
¿Se lo digo? ¿Le quiero?
Sólo sé que me vuelve loca…
Y que como su mirada, NINGUNA…
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