Palabras sin pensar.

Una tarde de lluvia,
los cristales sonaban sin música.
Ella estaba sentada,
haciendo como si nada,
mirando de reojo
el culo de su mozo.
Quería darle un toque,
pero sin que él lo note.
Era imposible arreglar,
aquel malestar.
Las palabras hicieron daño,
machacaron al rebaño.
Ella tiro la carta,
y le dio en la nalga.
El se giró deprisa,
y le regalo una sonrisa.
Se dieron un achuchón,
para terminar en el colchón.
Las palabras desaparecieron,
los dos lo decidieron.
Se esfumó el dolor,
solo hicieron el amor.
Las palabras se olvidaron,
entre ellos dos hablaron.
Los momentos salen caros,
todos tenemos días raros.
Hay palabras que sacamos,
que ninguno las pensamos.
Las palabras no son ciertas,
si las dices sin consciencia.
Hay que saber perdonar,
lo que se dice sin pensar.
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No puedo.

No puedo dormir,
si no oigo la nana que sin darte cuenta hace tu respiración,
cuando ya has caído en un coma profundo.

No puedo cantar,
si no son tus oídos,
los que escuchan el desastre que hacen mis cuerdas al chocar.

La risa me sabe diferente,
si no están tus carcajadas acompañándome.

El cielo parece de otro color,
si este par de ojos no sienten los tuyos a centímetros.

No siento las caricias de la lluvia,
si no esta mi mano acompañada de los cinco dedos que componen la tuya.

Todo es jodidamente diferente, si no formas tu parte de ello.
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Lo que sería sin ti.

Me han crecido las agujetas de no tenerte,
y la ojeras han aumentado su tamaño de no verte.

El café se ha quedado frío de esperarte,
y el insomnio es perenne por no abrazarte.

Me parece que todo a mi alrededor es blanco y negro,
como si viviera en un periódico constante.

No recuerdo el calor del agua de la ducha esta mañana,
solo recuerdo que esta vez eran mis manos las que enjabonaban mi cuerpo.

La cocina está vacía, ya no hay música,
ni siquiera el agua hirviendo hace ruido.

Mis huellas ya no se quedan en tu cuerpo,
y en la cama hace frío sin tu aliento.

Esto es una pequeña parte de la experiencia,
que sé que sentiría con tu ausencia.
Es lo que pasaría,
si no compartiera contigo cada día.

Igual estoy loca por pensar,
que esta historia puede acabar,
pero el pensar no es realidad,
y menos mal.

No quiero que el periódico sea eterno,
no quiero vivir en tu recuerdo.

Cósete a mi mano,
ven conmigo,
que si algo quiero ser,
es tu destino.

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El principio.

Al mirar tus ojos me pierdo,
siento mi corazón bombeando a mil por hora,
ese color marrón que hace que no quite la vista ni un segundo,
esa paz y tranquilidad que en la vida había sentido…
¿Es pasión? ¿Es amor? ¿Te quiero?
Esas son parte de las cosas que se pregunta mi interior,
cuando siento esas dos persianas abiertas de par en par,
con el objetivo fijo en mi pupila…
Pero al ratito desaparecen,
se queda todo en silencio y viene la guinda del pastel,
¿Se lo digo? ¿Le quiero?
Sólo sé que me vuelve loca…
Y que como su mirada, NINGUNA…
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Celebraciones sin sentido.

Cumpleaños, aniversarios…
Ciertas fechas a celebrar,
que si le doy un par de vueltas más de rosca me parecen una estupidez.
¿Por qué hay que esperar años o meses para celebrar algo?
¿Por qué tiene que ser especial un día en concreto?

Pienso que si los demás se lo plantearan un poquito,
estarían de acuerdo conmigo.
Tendríamos que celebrar todos los días que estamos vivos,
no cuando cumplamos un año más,
lo que cumplimos en realidad son días,
por no decir minutos,
o pasándome un poco más, segundos…
¿Quién sabe si ese cumpleaños llegara algún día,
o sólo te quedarás en el camino…?

Y ¿Por qué celebrar aniversarios?
Que estupidez…
Deberíamos celebrar el poder estar con esa persona cada día,
poder compartir tus segundos con alguien especial, no tus años.
Los segundos son más valiosos,
son más presentes y te garantizan más capacidad de recordarlos.
Los años son fríos,
desmemoriados y ni si quiera te garantizan que vayan a llegar…
Resumiendo, los años son una pérdida de tiempo y de recuerdos.
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Esa persona.

Esa persona que es capaz de:

*Hacerte olvidar el mundo.
*Hacerte sentir que estás sola con él al lado, cuando a tu alrededor hay cien mil personas.
*Hacer que tu corazón pase de 80 a 120 pulsaciones con sólo mirarte.
*Hacer que te sientas comprendida y sobre todo escuchada.
*Hacer que te abras, saques las cosas que tienes dentro, tus preocupaciones y encima le interese.

Esa persona que…

*No dejarías de mirar ni un segundo del día.
*No separarías sus labios de los tuyos ni 2 mm.
*Te hace sentir especial en cualquier situación.
*Te hace sentir única, aunque lo que lleves puesto sea un pijama y rulos en la cabeza.

Esa persona en la que…

*La colonia huele diferente.
*Su forma de hablar te parece perfecta.
*El sonido de su voz hace que te calmes.
*El tacto de sus manos te hace vibrar.
*En la que los abrazos tienen sabor y los besos tacto.

Esa persona que…

*Llega cuando menos te lo esperas.
*Es única en el universo.
*Se convierte en todo tu mundo.
*Te hace feliz.

Esa persona que se ha convertido en la mitad de tu corazón,
en tu mano derecha, tu ojo izquierdo y tus dos piernas.

Esa persona que sólo tiene un nombre…
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La tristeza.

A veces esperada,
otras muchas no…
Puede ir acompañada,
aunque sola no se le da mal aparecer…

Hace que de las comisuras de tus labios,
cuelguen toneladas de acero que consiguen que sus extremos caigan hacia abajo desfigurándote la cara,
y haciendo que no se te quite,
ni queriendo, esa desfiguración rostral por llamarlo de alguna manera…

Es capaz de hacer que tu cuerpo,
el que en alguna ocasión habías sentido como peso pluma,
ahora pese más que una ballena del océano a punto de parir…

Cambia el estado de todo tu ser.
Incluso sin explicación, ni con nada material,
es capaz de crearte un nudo en la garganta, que puede llegar al estómago.
Es como si fuera un nudo hecho con cientos de camisetas de lana, que en alguna ocasión hace que te cueste respirar…

Es algo complicado,
una noche sin luna,
una pérdida de
esperanza antes de tiempo,
una espera en la estación sabiendo que ningún tren va a llegar,
un árbol sin ramas o incluso una flor sin pétalos…

¿La tristeza? ¿Qué es?
Una mierda que a veces no tiene explicación…
Y otras muchas sólo es decepción…
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Te quiero.

Te quiero…
y lo hago de muchas maneras,
más de las que estas dos palabras dan a entender,
más allá de un significado de sólo amor.

Te quiero con miedo,
miedo de poder perderte,
miedo a tener miedo,
miedo a que algún día la luz que das a mis días no me pertenezca.

Te quiero con locura,
esa locura que hace que miles de personas sean ingresadas en un centro psiquiátrico, una locura sobrenatural,
esa que te hace olvidar por algunos momentos lo que es la vida, y el croquis que tienes que seguir para vivirla.
Esa locura que te envuelve de felicidad, y te hace ver en un grano de arena,
el universo entero.

Te quiero con celos,
celos de no querer que nadie más vea lo que yo veo en ti,
celos de imaginar tus sensaciones pasadas y no haber sido yo la protagonista,
celos de no querer compartirte con nadie, como un niño que no comparte su bolsa de chuches…

Te quiero con pasión,
esa pasión que crece dentro de mi cada vez que te veo aparecer,
cada vez que pienso en ti,
esa pasión con la que nunca había querido.
La pasión que hace que mi corazón lata más rápido por momentos,
y mis pulmones se hinchen y deshinchen a mayor velocidad.
La pasión que hace que cada vez que estas a mi lado no piense en otra cosa que sentir tu piel con mi piel.

Te quiero con ternura,
la ternura de ser capaz de imaginarme siendo viejitos y sintiendo lo que siento a día de hoy,
de juntar nuestras manos llenas de arrugas y estremecerme al sentirte todavía a mi lado,
de fijarme en tus ojos y que salgan chispas al cruzar nuestras miradas.

Te quiero de tantas formas,
que precisamente por eso estas dos palabras,
sólo definen una de las miles maneras de las que te quiero.
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Solía imaginar.

Solía imaginar sobre qué lado de la cama te gustaría más dormir,
como pondrías de caliente el agua de la ducha,
las manías que tendrías a lo largo de los días.

Solía imaginar como sería tu cara al despertar,
o que expresión pondrías al estar enfadado.

Solía imaginar como sería tu forma de hablar dulce,
como de fuertes serían tus abrazos,
o si al besar cerrarías los ojos.

Solía imaginar como serían tus pies sin calcetines,
o que zapatos te gustaría llevar.

Solía imaginar como olería el gel que utilizas,
o si te dejas restos de espuma de afeitar.

Solía imaginar si te gusta la miga o la corteza,
si echas tomate a los espaguetis,
si te gusta el agua con hielo,
o la Coca-Cola con el whisky.

Solía imaginar como seguirías el ritmo de la música,
si tus pies se moverían,
o se quedarían pegados al suelo.

Solía imaginar el movimiento de tu boca al hablar,
o si te chuparías los labios para coger aire.

Solía imaginar tu grado de paciencia,
si te molestaría esperar al autobús,
o si odiarías que la gente llegue tarde.

Solía imaginar si cantarías en la ducha,
si bailarías en la soledad de tus rincones,
o si te aplaudirías a ti mismo por una victoria.

Solía imaginar tu voz de resaca,
tus ojos hinchados,
e incluso tu dolor de cabeza después de una noche de fiesta.

Solía imaginar como sería tu forma de conquistar,
que metas tendrías en la vida,
y si tendrías fuerzas para conseguir todo lo que te propusieras.

Solía imaginar…y siempre con los ojos cerrados.

Un día decidí abrirlos y la imaginación cambió de nombre.
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Salir a flote.

Todo pasa por algo…
Todo tiene que tener un sentido, aunque sea oculto y nunca logremos encontrarlo…

El destino según mi forma de ver este mundo está escrito.
Cada uno tiene un libro con su propia vida,
que algún día podrá encontrar y comenzar a leer,
aquel día en el que su vida ya esté finalizada,
y se haya ido a un lugar tranquilo,
donde el alma sea capaz de sentarse,
e iluminada por esas luces desconocidas,
que espero que se encuentren en el cielo,
poder leer los capítulos de su vida…
Su historia, sus experiencias.

Hay cosas malas y cosas buenas…
Y dándole unos mareillos a las cosas malas,
creo, que hasta dentro de ellas,
hay algo bueno, aunque a veces seamos incapaces de verlo.
Siempre después de un mal trago viene una lluvia de experiencias satisfactorias.

La vida te pone a prueba,
quiere que te hagas fuerte y que mejor forma de a base de palos.
Hay que salir a flote sea cual sea la circunstancia,
y aunque a veces cueste más,
creo que la vida se resume en eso,
ser capaz de salir a flote,
aunque tengamos toneladas de acero que tiran de nuestros pies,
y poder ver los pequeños destellos de luz,
que iluminan esas malas experiencias que nos traen algunas de las mejores cosas de nuestras vidas.
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