Escúchame.

Escúchame,
quiero hablarte bajito,
susurrando,
que las palabras te hagan cosquillas en el oído,
y que tu piel se erice al escuchar el tono de mi voz.

Escúchame,
atento, anonadado,
quiero que estés sentado a mi lado.

Escúchame,
es difícil hablarte y no besarte,
tan cerca de tu cuello,
tan protagonista de mis desvelos.

Escúchame,
coge aire,
respira,
suspira,
quiero decirte que eres el amor de mi vida.

firma

Hasta que llegaste tú.

Perdona mi insistencia cada día,
perdona si soy demasiado pegajosa,
perdona mi abrumación constante,
perdona si no soy capaz de dejar nada dentro de mi cabeza,
perdona por decirte cosas que luego no puedo cumplir,
perdona por pensar en alto,
perdona por mi estar encima cada segundo,
perdona toda mi pesadez,
perdona mi bipolaridad,
perdona mi locura,
perdona mi rareza marciana…

Pero no creía que pudiera querer más de lo que ya había querido,
no creía que pudiera tener más de lo que ya había tenido,
no creía que pudiera sonreír más de lo que ya había sonreído,
no creía que pudiera llegar más lejos de lo que ya había avanzado,
no creía que pudiera sentir más de lo que ya había sentido,
no creía que existieran sensaciones que no conociera ya,
no creía en la riqueza sin dinero de por medio,
no creía que pudiera bailar más de lo que ya había bailado,
no creía que pudiera soñar con los ojos abiertos,
no creía que pudiera volar sin tener alas,

Hasta que llegaste tú…

firma

No te esperaba.

No te esperaba,
igual que no se espera un regalo fuera de tiempo,
o una sorpresa inesperada.

Había puesto la mesa sólo para un comensal,
y la comida era escasa, hasta sólo para una boca.

Creí que había cerrado la puerta con llave,
estaba cansada de que cualquiera creyera tener el derecho de poder pasar,
sin preguntar y sin ni si quiera, llamar al timbre.

Y no me había equivocado,
realmente la cerré,
pero tú tenías la llave,
la que encajaba a la perfección con la cerradura de mi puerta.

Al girarme en la cocina para coger la botella de agua, te vi,
y sin preguntarte quien eras,
te dije que solo había cena para uno.

Tu cara me resultaba familiar,
habías sido el protagonista de la mayoría de mis sueños.

Sin quitar los ojos de mi,
tú contestaste que la cena que querías,
no es de las que se sirven en plato,
es de las que se cocinan lentamente,
a lo largo de los días.

Al escuchar esas palabras,
cerré la cadena de la puerta,
para que no desaparecieras.
firma

No le conocía, pero sabía que existía.

No sabía su color de ojos,
ni su color de pelo…
Tampoco conocía la tonalidad de su piel,
¿estaría adornada con lunares?
¿le resultará fácil ponerse moreno?

No conocía el tacto de sus manos,
y mucho menos el de sus labios,
pero podía imaginarme la sensación que tendría mi cuerpo al besarlos…

No conocía su voz,
ni el calor de su aliento,
pero hubiera jurado oírlo en sueños…

No sabía como era su risa,
de las molestas que te perforan el tímpano,
o de las carcajadas esporádicas que te roban la sonrisa.

No sabía su estatura,
si sería capaz de darme capones con la barbilla,
o podría mirarme en ángulo de 180 grados directamente a los ojos.

No conocía su olor,
pero estaba convencida que podría olerlo a distancia,
y reconocerlo como los perros rastreadores a su presa.

No conocía el calor de su cuerpo,
pero sabía que en el momento que hiciera contacto con el mío,
el cortocircuito sería escalofriante.

No conocía la forma de sus manos,
ni el tamaño de sus dedos,
pero sabía que encajaría a la perfección,
con la estructura de las mías.

No conocía la huella de sus zapatos,
ni el lenguaje de su lengua…
Solo sabía que existía,
y que sería fácil reconocerle,
entre un millón de millones,
cuando le tuviera delante.

No le conocía, pero sabía que existía.
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Te prometo.

Te prometo noches sin luna,
donde las bombillas de tu habitación serán las estrellas.
Te prometo duchas eternas,
donde mis labios por tu cuerpo serán las gotas de agua.
Te prometo días grises,
en los que pondré todo mi empeño por sacar un arco iris.
Te prometo discusiones,
en las que la reconciliación será entre las sábanas.
Te prometo abrazos,
en los que no se sepa donde empieza un cuerpo y donde acaba el otro.
Te prometo besos,
que no se hundan en la monotonía de la rutina.
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No puedo.

No puedo dormir,
si no oigo la nana que sin darte cuenta hace tu respiración,
cuando ya has caído en un coma profundo.

No puedo cantar,
si no son tus oídos,
los que escuchan el desastre que hacen mis cuerdas al chocar.

La risa me sabe diferente,
si no están tus carcajadas acompañándome.

El cielo parece de otro color,
si este par de ojos no sienten los tuyos a centímetros.

No siento las caricias de la lluvia,
si no esta mi mano acompañada de los cinco dedos que componen la tuya.

Todo es jodidamente diferente, si no formas tu parte de ello.
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El principio.

Al mirar tus ojos me pierdo,
siento mi corazón bombeando a mil por hora,
ese color marrón que hace que no quite la vista ni un segundo,
esa paz y tranquilidad que en la vida había sentido…
¿Es pasión? ¿Es amor? ¿Te quiero?
Esas son parte de las cosas que se pregunta mi interior,
cuando siento esas dos persianas abiertas de par en par,
con el objetivo fijo en mi pupila…
Pero al ratito desaparecen,
se queda todo en silencio y viene la guinda del pastel,
¿Se lo digo? ¿Le quiero?
Sólo sé que me vuelve loca…
Y que como su mirada, NINGUNA…
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No quiero…Quiero.

No quiero que los besos se conviertan en rutina…
No quiero que los abrazos signifiquen únicamente cariño…
No quiero que nuestras miradas no digan nada…
No quiero que nos acostumbremos a estar juntos…
No quiero que te olvides de todo lo que te quiero…
No quiero que te desenamores de mí…

Quiero que cada beso sea especial, único e irrepetible.
Quiero que cada abrazo signifique amor, comprensión, y un quiero estar a tu lado.
Quiero mirarte a los ojos y verme en ellos reflejada.
Quiero sentir que soy afortunada por tenerte cada día a mi lado.
Quiero que sepas que eres lo que más quiero.
Quiero enamorarte todos y cada uno de los días.
Quiero ser tu para siempre…
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Esa persona.

Esa persona que es capaz de:

*Hacerte olvidar el mundo.
*Hacerte sentir que estás sola con él al lado, cuando a tu alrededor hay cien mil personas.
*Hacer que tu corazón pase de 80 a 120 pulsaciones con sólo mirarte.
*Hacer que te sientas comprendida y sobre todo escuchada.
*Hacer que te abras, saques las cosas que tienes dentro, tus preocupaciones y encima le interese.

Esa persona que…

*No dejarías de mirar ni un segundo del día.
*No separarías sus labios de los tuyos ni 2 mm.
*Te hace sentir especial en cualquier situación.
*Te hace sentir única, aunque lo que lleves puesto sea un pijama y rulos en la cabeza.

Esa persona en la que…

*La colonia huele diferente.
*Su forma de hablar te parece perfecta.
*El sonido de su voz hace que te calmes.
*El tacto de sus manos te hace vibrar.
*En la que los abrazos tienen sabor y los besos tacto.

Esa persona que…

*Llega cuando menos te lo esperas.
*Es única en el universo.
*Se convierte en todo tu mundo.
*Te hace feliz.

Esa persona que se ha convertido en la mitad de tu corazón,
en tu mano derecha, tu ojo izquierdo y tus dos piernas.

Esa persona que sólo tiene un nombre…
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Solía imaginar.

Solía imaginar sobre qué lado de la cama te gustaría más dormir,
como pondrías de caliente el agua de la ducha,
las manías que tendrías a lo largo de los días.

Solía imaginar como sería tu cara al despertar,
o que expresión pondrías al estar enfadado.

Solía imaginar como sería tu forma de hablar dulce,
como de fuertes serían tus abrazos,
o si al besar cerrarías los ojos.

Solía imaginar como serían tus pies sin calcetines,
o que zapatos te gustaría llevar.

Solía imaginar como olería el gel que utilizas,
o si te dejas restos de espuma de afeitar.

Solía imaginar si te gusta la miga o la corteza,
si echas tomate a los espaguetis,
si te gusta el agua con hielo,
o la Coca-Cola con el whisky.

Solía imaginar como seguirías el ritmo de la música,
si tus pies se moverían,
o se quedarían pegados al suelo.

Solía imaginar el movimiento de tu boca al hablar,
o si te chuparías los labios para coger aire.

Solía imaginar tu grado de paciencia,
si te molestaría esperar al autobús,
o si odiarías que la gente llegue tarde.

Solía imaginar si cantarías en la ducha,
si bailarías en la soledad de tus rincones,
o si te aplaudirías a ti mismo por una victoria.

Solía imaginar tu voz de resaca,
tus ojos hinchados,
e incluso tu dolor de cabeza después de una noche de fiesta.

Solía imaginar como sería tu forma de conquistar,
que metas tendrías en la vida,
y si tendrías fuerzas para conseguir todo lo que te propusieras.

Solía imaginar…y siempre con los ojos cerrados.

Un día decidí abrirlos y la imaginación cambió de nombre.
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