Le daría mis alas.

Dos copas de vino casi vacías sobre la mesa,
música de fondo que hace de actor secundario,
dos corazones latiendo a distinto ritmo,
pero con la misma graduación alcohólica circulando por sus venas.

El calor de la calefacción va haciendo su efecto,
y se nota más a medida que la botella de vino va disminuyendo.
Fuera hace viento y seguramente las ramas de los árboles se muevan al ritmo que él decida,
pero es algo secundario en lo que mi mente no está pensando,
todo lo que esté de puertas hacia fuera en este momento no me interesa,
da la casualidad que tengo a mi mundo entre cuatro paredes.

No hacen falta las palabras,
pero si las caricias,
son las causantes de mi piel de gallina.

Pienso muchas cosas al mismo tiempo,
me suele pasar cuando le miro,
tengo muchas palabras en mi mente,
pero es mejor que se ausenten.

Es una noche especial,
siempre lo es en cualquier lugar,
en cualquier momento,
si siento su aliento,
sus besos,
sus manos,
son mis regalos.

Si yo fuera un hada le daría mis alas,
Y si fuera maga de daría mi vara.

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