Laberinto.

Idas y venidas,
besos sin amor,
sexo de pasada.
Aeropuertos,
estaciones,
vinos y ostras,
el Norte -mi amante secreto-
chinos y conciertos.
Huir de la verdad.
Escapar del dolor.
Vivir sin pensar, pensar sin vivir.
Engañarme a ser feliz sin serlo.
Acostumbrarme a la rutina de no vivir,
de buscar la felicidad en un laberinto sin señales
donde no hacía más que ver espejismos de una felicidad forzada y falsa.
Se hacia de noche en el laberinto donde estaba perdida,
y sólo me quedaba una vela y ya medio apagada,
cuando no creí que tuviera oportunidad de ver más luz,
apareciste tú,
con tu sonrisa y una linterna en la mano enseñándome la salida,
el sentido de la felicidad y la alegría constante.

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Se puede.

Se puede morir y seguir respirando.
Se puede revivir con una mirada.
Se puede sentir sin tocar.
Se puede escuchar siendo sordo.
Se puede hablar siendo mudo.
Se puede ver siendo ciego.
Se puede luchar siendo débil.
Se puede ganar habiendo perdido.
Se puede entender lo inentendible.
Se puede perdonar lo imperdonable.
Se puede volar sin salir de casa.
Se puede llorar de felicidad.
Se puede reír de tristeza.
Se puede soñar sin cerrar los ojos.
Se puede sonreír con el corazón.

Se pueden hacer muchas cosas más de las que pensamos,
y hay pocas personas que nos brindan esas oportunidades.

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Esa gota.

Las horas se amontonaron, se convirtieron en días y esos días en semanas…
Y como es de esperar esas semanas en meses y esos meses en años…

Cuando una gota cae en tu mismo trozo de piel durante tanto tiempo,
al principio puede incomodarte, molestarte simplemente.

Cuando ya el tiempo se va haciendo mas largo,
esa gota se hace su propio camino, atravesando la piel y pasando al músculo; llegando a las entrañas, si este tiempo se convierte en años…

Consigues encontrar la forma de hacer que esa gota ya no caiga más,
pero la herida que se ha formado después de tanto tiempo esta abierta,
en carne viva, y no puede cerrarse en cuestión de días, ni de meses…
Hay que ir regenerando cada capa de músculo y de piel para que se cure,
para que esa piel vuelva a ser fuerte y uniforme al resto.

La paciencia es fundamental en esta cura,
pero hay veces que ésta destaca por su ausencia.

Hubiera estado bien tener un chubasquero anti-lluvia ácida o simplemente tener la capacidad de esquivar.

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Quien…

Quien se ría de ti, que se mire al espejo con los ojos abiertos y los miedos por pupilas.

Quien te critique, que no quiera ser criticado, puede atragantarse y no saber pasar él picazón.

Quien te exija, que dé antes de recibir.

Quien te ignore, no será nunca el centro de atención.

Quien te haga daño, solo sobrevive con el agua que le dan tus ojos, permite que se deshidrate.

Quien no te escuche, tendrá oídos sordos cuando necesite ser escuchado.

Quien no te tienda la mano cuando estés en el suelo, que luego no te pida el peldaño cuando quiera llegar al cielo.

Quien no te quiera de verdad, que no se moleste en intentarlo.

Quien solo te quiera a ratos, mejor que no te quiera.

Quien te traicione, que sepa lo que es ser traicionado, se le quitaran las ganas de volver a hacerlo.

Quien merezca la pena,
no te hará pensar en estas posibilidades,
será quien se mire contigo en el espejo, se ría de sus defectos y adore los tuyos,
te dará cuanto pueda sin esperar que tú hagas lo mismo,

ignorarte nunca formará parte de su pensamiento,
antes de hacerte daño preferirá salir corriendo,
tendrá siete oídos y diez manos cuando necesites salir a flote,
pero sobre todo…

Te querrá, te querrá como jamás imaginó que pudiera querer a alguien,

ese tipo de querer que da hasta miedo y que a veces duele,
pero que es la forma más pura y completa de querer…

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Gran patada.

Es tan alucinante,
como en cuestión de milésimas de segundos,
puede cambiar tu estado de ánimo.

Como una sola frase puede darle la vuelta por completo a tu capacidad de hacer que las lágrimas que guardas dentro no salgan al exterior.

Gran putada,
o mejor dicho,
gran patada a esa niña pequeña que querías esconder en una esquinita de las miles que puede tener el cuerpo humano…

Debe ser que nunca se me ha dado bien jugar al escondite,
siempre me encuentran,
nunca crezco.

 

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El mundo también se enfada.

Días y días que transcurren uno detrás de otro,
lluvia, sol, nieve, niebla,
el mundo a veces también se enfada,
la diferencia es que cuando el lo hace nos enteramos todos…

Somos fuertes aunque creamos lo contrario,
aunque simplemente estemos compuestos por huesos y piel,
muchas veces parece que somos de puro acero.

Situaciones, experiencias que nos ponen al límite del precipicio,
que nos hacen ver el vaso lleno de agua a punto de dejar caer la primera gota,
¿y que hacemos? coger con dos cojones y vaciar el vaso para que esa gota no caiga, porque dentro de ese cuerpo que nos forma no sólo hay células…
Hay cerebro, cabeza, recapacitación, conciencia, fuerza…
Hay mucho más de lo que a simple vista podemos apreciar.

El privilegio de muy pocos es saber ver esas cosas al mirar a una persona,
saber ver lo de dentro, saber sentir con los ojos cerrados…

Cuando consigues eso, sabes lo que es el mundo, sabes lo que es la vida.

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Julio 2013.

Tarde o temprano se aprende,
lo importante no solo es vivir…
Sino valorar la vida y saber que cualquier día puede ser el último.

Después de mucho tiempo puedo decir que creo que empiezo a sentir algo de felicidad, que hay personas que con sólo una mirada te ponen la piel de gallina,
que pueden hacer que cambies la perspectiva de tu vida,
y te den ganas de querer vivir y hacerte sentirte querida,
personas que en cuestión de segundos, hacen que tu mundo gire 180 grados en solamente dos instantes.

Que sentimiento tan grande,
no hay nada más profundo que mirar a una persona y que no haga falta decir nada, sentir tranquilidad,
ver en sus ojos la profundidad de una mirada que te da paz, amor.
Una mirada que está llena de deseo,
haciéndote sentir que en ese momento lo único que existe en el mundo son esos cuatro ojos mirándose como si no hubiera nada más alrededor que pueda interrumpir semejante sentimiento de alegría, deseo y comprensión…

Porque hay veces que las cosas más grandes vienen cuando menos las esperas y que los sentimientos más espectaculares son con las cosas más pequeñas…

 

Este texto lo escribí en Julio de 2013,
el año que cambió mi vida, mi rumbo, mi desorden.
Cuando aprendí a masticar la felicidad y no atragantarme.

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En cualquier vida.

A veces,
cuando no puedo dormir,
me pongo a imaginar cómo me gustaría que fuera mi vida.

Vivir en una cabaña en el bosque,
en una casita al lado de la playa o
en un lugar que hiciera mucho frío y se quedara pegado a mi ropa ese olor característico de chimenea.

Salir a hacer surf sin tener ni idea,
tener un huertito con muchísimas verduras,
tener una granja con burros y conejos bebés, ordeñar vacas…

Vidas muy diferentes,
lugares muy distintos,
pero todos ellos con algo en común,

tu mano unida a la mía y tu pecho como almohada,

tú completandome en cualquier parte del mundo en la que pueda imaginar mi vida.

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Creo que soy rara.

No me abro a cualquier persona,
a veces me cuesta entablar una conversación.

No me gusta la pizza.

Los tacones no se llevan bien con mis pies, y mi cuerpo no está hecho a medida de vestidos sexys.

No soy femenina y mi vocabulario no pega con mi estatura.

Miro siempre si la nevera está bien cerrada antes de salir de casa y doy al botón de cerrar el coche aproximadamente 5 veces, no vaya a ser que a la cuarta se haya quedado abierto.

A veces no me gustan las personas, no me gusta cuanto se nota la falsedad en sus palabras.

Cuando quiero lo hago de verdad, daría un trozo de mi corazón a aquellas personas esenciales si pudiera partirlo.

Me gustan los espaguetis solos y la mezcla de melón con jamón me parece un asesinato.

Siempre quito el tomate de los bocadillos, me parece que tiene que saborearse a parte.

Me gusta fumar en pipa y las calaveras.

No me gusta la cerveza(aunque lo estoy intentando).

Cuando duermo sola en casa miro por lo menos dos veces si la puerta está bien cerrada.

Me pongo roja con cualquier cosa y quien me conoce sabe cuando miento.

Creo que si yo he podido conseguir algo, cualquier persona lo haría con la mitad de esfuerzo.

Cuando me enfado o me pongo nerviosa no me salen las palabras.

Creo en los espíritus y en el destino.

Sé que he encontrado el amor de mi vida porque sus ojos me hablan.

Nunca me desabrocho los zapatos para quitármelos.

Me gustan los atardeceres rosas y los amaneceres con los ojos cerrados.

No me gustan las discotecas de darlo todo, ni los festivales multitudinarios.

Los conciertos me ponen la piel de gallina.

Me gusta más hacer regalos, que comprar algo para mí.

Soy adicta a los chicles.

Prefiero manta y sofá, que tacón y colorete.

Creo que las revistas de moda son irrealistas y eso hace daño a muchas personas.

Creo en la posibilidad de algún día mirarme al espejo y no sacarme un defecto.

Creo que soy rara…pero son defectos de fábrica que no quiero cambiar.

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