En un bar bailando.

Recuerdo aquella noche buscando tus besos, mirando tus labios,
queriendo besarlos.

Varias carcajadas y bailes robados,
vacile y tonteo entre copa y cigarro.

Yo solo pensaba y ¿si me lanzo?
necesito unos zancos, casi no le alcanzo.

Mi cerebro actuaba y guardaba distancia,
pero mis ganas llamaban y había esperanza.

Y solo pensaba ¿si me rechaza?
pues yo soy valiente y me lanzo hacia el agua,
si hay flotador me viene de perlas,
pero si no es así, se mover las piernas.

Una encerrona me vino de lujo,
y no fui yo quien la produjo,
sentada en el taxi me acerqué un poquito,
y fue el momento de darle un piquito.

Y la sorpresa me causó furor,
pues no me hizo falta el flotador.

Temblaban mis piernas, temblaban mis manos,
gracias a dios que estamos sentados.

Su boca fue droga, su boca fue fuego,
que ni queriendo yo me despego.

Conseguí encontrarlo en un bar bailando,
cuando antes solo le veía soñando.

Gracias al destino se vino conmigo,
y se convirtió en algo más que mi amigo.

Mi novio, mi chico, mi medio marido,
por siempre a tu lado me quedo contigo.

firma

 

Se llama destino.

Dicen que cada uno,
elige,
decide,
a quien quiere tener en su vida,
quien formará parte de sus días,
y quien puede ser prescindible.

Dicen que tenemos la capacidad de poder seleccionar a las personas con las que queremos pasar,
tanto nuestros buenos, como malos momentos.

Dicen que sólo uno mismo es capaz de decidir,
quién será el amor de su vida.

Dicen, dicen y dicen…

Pero no se dan cuenta,
que todos esos dicen,
no tienen sentido, si el destino no es el actor principal,
porque no hay donde elegir,
que seleccionar,
o que decidir,
si no te cruzas con esa persona,
ese alma, o esa familia que cada uno de nosotros mismos,
tenemos la suerte de elegir.

Y lo que decide si ese cruce tendrá lugar o no,
se llama destino.

firma

No te esperaba.

No te esperaba,
igual que no se espera un regalo fuera de tiempo,
o una sorpresa inesperada.

Había puesto la mesa sólo para un comensal,
y la comida era escasa, hasta sólo para una boca.

Creí que había cerrado la puerta con llave,
estaba cansada de que cualquiera creyera tener el derecho de poder pasar,
sin preguntar y sin ni si quiera, llamar al timbre.

Y no me había equivocado,
realmente la cerré,
pero tú tenías la llave,
la que encajaba a la perfección con la cerradura de mi puerta.

Al girarme en la cocina para coger la botella de agua, te vi,
y sin preguntarte quien eras,
te dije que solo había cena para uno.

Tu cara me resultaba familiar,
habías sido el protagonista de la mayoría de mis sueños.

Sin quitar los ojos de mi,
tú contestaste que la cena que querías,
no es de las que se sirven en plato,
es de las que se cocinan lentamente,
a lo largo de los días.

Al escuchar esas palabras,
cerré la cadena de la puerta,
para que no desaparecieras.
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No le conocía, pero sabía que existía.

No sabía su color de ojos,
ni su color de pelo…
Tampoco conocía la tonalidad de su piel,
¿estaría adornada con lunares?
¿le resultará fácil ponerse moreno?

No conocía el tacto de sus manos,
y mucho menos el de sus labios,
pero podía imaginarme la sensación que tendría mi cuerpo al besarlos…

No conocía su voz,
ni el calor de su aliento,
pero hubiera jurado oírlo en sueños…

No sabía como era su risa,
de las molestas que te perforan el tímpano,
o de las carcajadas esporádicas que te roban la sonrisa.

No sabía su estatura,
si sería capaz de darme capones con la barbilla,
o podría mirarme en ángulo de 180 grados directamente a los ojos.

No conocía su olor,
pero estaba convencida que podría olerlo a distancia,
y reconocerlo como los perros rastreadores a su presa.

No conocía el calor de su cuerpo,
pero sabía que en el momento que hiciera contacto con el mío,
el cortocircuito sería escalofriante.

No conocía la forma de sus manos,
ni el tamaño de sus dedos,
pero sabía que encajaría a la perfección,
con la estructura de las mías.

No conocía la huella de sus zapatos,
ni el lenguaje de su lengua…
Solo sabía que existía,
y que sería fácil reconocerle,
entre un millón de millones,
cuando le tuviera delante.

No le conocía, pero sabía que existía.
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Lo que sería sin ti.

Me han crecido las agujetas de no tenerte,
y la ojeras han aumentado su tamaño de no verte.

El café se ha quedado frío de esperarte,
y el insomnio es perenne por no abrazarte.

Me parece que todo a mi alrededor es blanco y negro,
como si viviera en un periódico constante.

No recuerdo el calor del agua de la ducha esta mañana,
solo recuerdo que esta vez eran mis manos las que enjabonaban mi cuerpo.

La cocina está vacía, ya no hay música,
ni siquiera el agua hirviendo hace ruido.

Mis huellas ya no se quedan en tu cuerpo,
y en la cama hace frío sin tu aliento.

Esto es una pequeña parte de la experiencia,
que sé que sentiría con tu ausencia.
Es lo que pasaría,
si no compartiera contigo cada día.

Igual estoy loca por pensar,
que esta historia puede acabar,
pero el pensar no es realidad,
y menos mal.

No quiero que el periódico sea eterno,
no quiero vivir en tu recuerdo.

Cósete a mi mano,
ven conmigo,
que si algo quiero ser,
es tu destino.

firma

Salir a flote.

Todo pasa por algo…
Todo tiene que tener un sentido, aunque sea oculto y nunca logremos encontrarlo…

El destino según mi forma de ver este mundo está escrito.
Cada uno tiene un libro con su propia vida,
que algún día podrá encontrar y comenzar a leer,
aquel día en el que su vida ya esté finalizada,
y se haya ido a un lugar tranquilo,
donde el alma sea capaz de sentarse,
e iluminada por esas luces desconocidas,
que espero que se encuentren en el cielo,
poder leer los capítulos de su vida…
Su historia, sus experiencias.

Hay cosas malas y cosas buenas…
Y dándole unos mareillos a las cosas malas,
creo, que hasta dentro de ellas,
hay algo bueno, aunque a veces seamos incapaces de verlo.
Siempre después de un mal trago viene una lluvia de experiencias satisfactorias.

La vida te pone a prueba,
quiere que te hagas fuerte y que mejor forma de a base de palos.
Hay que salir a flote sea cual sea la circunstancia,
y aunque a veces cueste más,
creo que la vida se resume en eso,
ser capaz de salir a flote,
aunque tengamos toneladas de acero que tiran de nuestros pies,
y poder ver los pequeños destellos de luz,
que iluminan esas malas experiencias que nos traen algunas de las mejores cosas de nuestras vidas.
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