No puedo evitar echarle de menos.

No se si es bueno…
Me he acostumbrado a notar su calor demasiado cerca,
su olor a pocos centímetros,
a verle con solo abrir los ojos.

Y cuando algo de esto cambia,
aunque sean segundos,
o unas pocas horas…

No puedo evitar echarle de menos.

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Esas ganas.

Esas ganas constantes de tocarte,
de empezar a besarte y no parar hasta recorrer cada centímetro de tu cuerpo, de abrazarte y no soltarte.

Esas ganas de querer saber todo de ti,
de no dejarme ni un recoveco de tu cabeza sin explorar.

Esas ganas de verte reír,
de hacerte feliz,
de estar contigo.

Esas ganas de ser tu mayor deseo,
de ser tu mejor elección,
de ser tu ella entre todas las demás.

Esas ganas de querer verte al segundo de dejarte,
de no ser capaz de dejar de tocarte.

Esas ganas de ser yo, en lo que piensas,
cuando pienses en algo que hayas hecho bien.

Esas ganas de tenerte a mi lado todos los días que puedan quedarme en la historia de mi vida.

Esas ganas de querer compartir contigo hasta la suela de mis zapatos.

Esas ganas de vivir,
de gritar,
de llorar,
de sentir,
de disfrutar.

Esas ganas de manta y sofá,
de carcajadas porque sí,
de ser yo misma.

Esas ganas de todo y nada a la vez.

Esas ganas de ti y nada más.

Esas ganas de tanto contigo.

Esas ganas,
todas esas que nunca había sentido.

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Se llama destino.

Dicen que cada uno,
elige,
decide,
a quien quiere tener en su vida,
quien formará parte de sus días,
y quien puede ser prescindible.

Dicen que tenemos la capacidad de poder seleccionar a las personas con las que queremos pasar,
tanto nuestros buenos, como malos momentos.

Dicen que sólo uno mismo es capaz de decidir,
quién será el amor de su vida.

Dicen, dicen y dicen…

Pero no se dan cuenta,
que todos esos dicen,
no tienen sentido, si el destino no es el actor principal,
porque no hay donde elegir,
que seleccionar,
o que decidir,
si no te cruzas con esa persona,
ese alma, o esa familia que cada uno de nosotros mismos,
tenemos la suerte de elegir.

Y lo que decide si ese cruce tendrá lugar o no,
se llama destino.

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Me gusta la vida contigo.

Me gusta levantarme tarde los domingos,
si al dar media vuelta en la cama,
noto tu respiración acompañando la mía.

Me gusta cuando te enfadas por perder un partido al pro,
y cuando cantas victoria, mientras das una buena paliza.

Me gustan las palmeras de chocolate en el desayuno,
cuando son en tu mesa del comedor.

Me gusta bailar contigo,
cuando no hay testigos mirando.

Me gusta andar por la calle,
cuando me das la mano.

Me gusta ver pelis contigo,
darme cuenta que te has quedado sopa,
decir algo,
y que hagas como si no hubieras cerrado ni un segundo los ojos.

Me gusta que me dejes tu pijama,
cuando me quedo en tu casa a dormir,
me gusta usar tu gel,
cuando uso tu ducha,
así puedo ser un poco tú,
aunque la altura me delata.

Me gusta tu manera de explicarme los ingredientes que le pondrías a un sándwich.

Me gusta cuando me vigilas si me toca hacer de chef,
no vaya a ser que la cocina salga ardiendo.

Me gusta tu forma de darme ánimos,
de creer en mi.

Me gusta tu apoyo incondicional,
tu forma de abrirme los ojos.

Me gusta como haces las cosas a tu manera,
tu forma de ver el mundo.

Me gustan los espasmos que te dan,
justo antes de quedarte dormido.

Me gustas tú.

Me gusta la vida contigo.

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Parejas de baile.

Las ideas corren como si fueran atletas por mi cabeza,
palabras sueltas que buscan su pareja de baile,
piezas de puzzle que buscan su compañera de encaje…

Noto el temblor en mis dedos,
ese deseo de querer escribir mil páginas seguidas,
sin un descanso a la mitad.

Me pongo a ello,
busco en los rincones de mi mente esas parejas que esperaba que se hubieran formado,
pero no,
no es así,
lo que encuentro es un baile de adolescentes a final de curso,
donde las chicas, están en un banco,
y los chicos, en el banco contrario, intentando forzar sus pies a moverse,
pero sin resultado alguno…

Todas esas palabras revoloteando por mi mente,
no han sido capaces de encontrar su frase de síntesis,
ni si quiera su punto final.

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Variedades de café.

Distintas variedades de café, distintas personalidades, distintos métodos de complementarse:

–> café solo;
aquellas que no quieren ataduras,
no quieren compartir la barra de pan para comer,
o la mitad de la almohada al dormir.
Son aquellas que están mejor sin ataduras,
sin preocupaciones de complementación,
aquellas que son egoístas personales.

–> café bombón;
están otras que no les resulta fácil la toma de decisiones,
y ante la duda, es más fácil la no resolución,
o simplemente piensan en el beneficio personal,
y la diversión temporal.
Les gusta tener un poco de la esencia que hace que cada mezcla sea especial.
Esta mezcla, puede tener problemas de aterrizaje,
pueden fallar los paracaídas de emergencia,
o los kilos de más, pueden hacerte descender tan rápido que tus piernas se desintegren al contactar con el asfalto.
Pero son personalidades, que les gusta la alternancia,
o la bigamia.

–> café largo de leche;
osos amorosos,
personalidades entregadas,
las que se sienten completas con su líquido miscible,
las que viven mejor acompañadas,
las que son felices dando lo mejor de su ser,
aquellas que son capaces, de hacerse pequeñitas por darle grandeza a su media mezcla, y por hacerle saber la valía que en realidad tiene. Aquellas que no tienen miedo a sentirse completas, solo en forma de mezcla.

–> café cortado;
las que tienen armadura,
aquellas que se completan con una pequeña parte de su polo opuesto, les cuesta abrirse y dar a conocer sus sentimientos,
les da miedo que caiga un poco mas de polo opuesto del que consideran necesario,
por si acaso se abren demasiado a la mezcla,
a la complementación,
a no ser el uno sin el otro.

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Lo alto del podio.

Una lucha de espadas,
o mejor dicho;
espada contra navaja;
donde se sabe quien va a salir victorioso al 90%.

Una lucha constante,
frustrante,
donde cuando parece que ese 10% es el ganador,
se da la vuelta a la tortilla.

En el ring, se ve a un caballero uniformado,
que agarra la espada con seguridad,
fuerza y elegancia,
un todo en uno,
una espada, que es una extensión de su extremidad superior derecha.

Su contrario,
un chiquillo nervioso e inseguro,
que se cambia la navaja, de una mano a otra constantemente,
porque no sabe con cual será mejor su destreza.

Una lucha donde el ring; es mi mente;
el caballero uniformado; mis miedos y complejos;
el chiquillo asustado y débil; mis ganas de ser yo.

Parece que la apuesta es sobre seguro,
pero no sería la primera vez,
que una minoría asciende a lo alto del podio.

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Mis ganas solo son contigo.

Que la gente no me entienda,
y que yo no les entienda a ellos.
Que mi forma de pensar,
parezca anormal para el resto de cerebros,
me hace fortalecer mis conexiones, mis razonamientos.
Quizá, por el simple hecho de sentir diferente;
ni mejor, ni peor; solo diferente.

He podido comprobar que mis pupilas,
son capaces de centrarse en un único rostro,
en un único interior,
haciendo borrosos, pixelados,
los demás cuerpos humanos.

Me doy cuenta,
que mi cuerpo solo quiere uno en especial,
que es complementario,
el único que lo es al 100%.

Que mis labios,
solo buscan unos labios.
Que mi deseo,
solo se despierta con una persona.
Que mis ganas solo son contigo.

Con esto, no quiero decir que este ciega,
que sea ilusa, o que deje de lado una realidad.

Con esto quiero decir, que llega un momento en el que una persona,
se hace incomparable a cualquier otra,
los demás humanos, se hacen invisibles frente a ese conjunto de huesos tan perfectamente imperfecto.

Con esto quiero explicar mi forma de sentir,
inaceptable por algunos, e increíble por otros.

Veo personas, con piel, pelo y músculos,
pero simplemente son eso,
personas que suman al resto de gente.
Personas que no me dicen, ni despiertan nada,
simplemente porque mi despertador es otro,
y va enchufado a la corriente,
además de tener pilas de emergencia.
Personas que no deseo, personas que solo son personas.

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La inutilidad no existe.

Todos,
en algún momento,
y en cualquier parte del mundo…

Nos hemos sentido solos,
estando rodeados de gente.
No hemos oído nada,
aún teniendo el volumen al máximo.
Nos hemos sentido desnudos,
llevando toneladas de abrigo.
Nos hemos sentido vacíos,
aún teniendo el plato lleno.
Nos hemos sentido mudos,
destrozando las cuerdas vocales.
Nos hemos sentido inútiles,
aún siendo una multiusos.

Todos,
excepto yo,
que te tengo a ti.

En cuestión de segundos, te conviertes en el mundo entero,
haces que el sonido, se sienta por vibración,
tu cuerpo, se convierte en el mejor de los abrigos,
me llenas mi interior de mariposas,
me has enseñado el lenguaje con las manos, que la inutilidad no existe.
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Palabras sin pensar.

Una tarde de lluvia,
los cristales sonaban sin música.
Ella estaba sentada,
haciendo como si nada,
mirando de reojo
el culo de su mozo.
Quería darle un toque,
pero sin que él lo note.
Era imposible arreglar,
aquel malestar.
Las palabras hicieron daño,
machacaron al rebaño.
Ella tiro la carta,
y le dio en la nalga.
El se giró deprisa,
y le regalo una sonrisa.
Se dieron un achuchón,
para terminar en el colchón.
Las palabras desaparecieron,
los dos lo decidieron.
Se esfumó el dolor,
solo hicieron el amor.
Las palabras se olvidaron,
entre ellos dos hablaron.
Los momentos salen caros,
todos tenemos días raros.
Hay palabras que sacamos,
que ninguno las pensamos.
Las palabras no son ciertas,
si las dices sin consciencia.
Hay que saber perdonar,
lo que se dice sin pensar.
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